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“Educant en la docilitat”, un fanzine de crítica sobre educació i escola

Publicat per dia 11 octubre 2013 – 13:11Cap comentari | 94 views
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Aquesta notícia s’ha enviat mitjançant publicació oberta! Vos convidam a elaborar lliurement les vostres pròpies notícies. Basta que empleneu aquest formulari i no oblideu respectar la guia d’estil i revisar els principis, objectius i criteris de publicació del projecte contrainfo.cat.

Presentem el primer fullet que hem editat des del projecte Es fullet perdut d’en Rotget i que gira entorn de la temàtica educativa, un tema que ha cobrat especial importància en aquest moment amb les darreres mobilitzacions en el context de la vaga indefinida de docents. Aquest fanzine ha estat repartit gratuïtament al llarg de la I Fira del Llibre Anarquista de Mallorca, el cap de setmana passat i ara hem trobat prou adient compartir-lo també virtualment. L’arxiu per llegir/imprimir el fanzine el podeu aconseguir a la nostra web, seguint aquest enllaç. En qualsevol cas, si alguna persona està interessada a obtenir-lo en paper, es pot dirigir als baixos del local de l’ecoxarxa o també pròximament a la llibreria transitant (c/ Socors, 16 baixos) a Palma.

A continuació us deixem la introducció que hem elaborat per contextualitzar el tema i que precedeix al text principal del fanzine ”Educando en la docilidad” de Pedro García Olivo.

CONTEXTUALIZANDO…

ALGUNOS APUNTES SOBRE EDUCACIÓN

educando-portadaEste pequeño fanzine es solo un intento de invitar a una reflexión sobre la educación en un sentido amplio de la misma, de repensarla, despertar la imaginación aletargada y reactivar nuestro cuestionamiento del mundo también en este ámbito. Consideramos que este proceso es necesario y en buena medida urgente en los tiempos convulsos que corren, pues la comprensión y formulación colectiva de nuestras necesidades, eliminando mediaciones y parasitismos interesados de ningun tipo de élite, es condición indispensable para cualquier intento de cambio significativo hacia una vida en libertad.

Actualmente, cuando escuchamos la palabra educación, probablemente lo primero que se nos venga a la cabeza sea la llamada Educación Pública, es decir, el sistema educativo elaborado y gestionado por el aparato organizativo del Estado y sus diferentes órganos e instituciones, que como sabemos son financiados a través de los presupuestos generales provinientes de los impuestos recaudados a la población. Ahora que esta inversión se está viendo tan continuamente mermada, no faltan las quejas, como es lógico, de buena parte del profesorado u otros trabajadores de los centros educativos, que a la par que ven mermar sus sueldos, notan como aumenta tanto su carga de trabajo y su horario lectivo, como el tiempo que han de dedicar finalmente a su actividad profesional también fuera de dicho horario. Desde la perspectiva del trabajo asalariado se puede ver aquí la actualización de la explotación para corregir las pérdidas de la crisis del crédito y el estallido de las burbujas especulativas de los últimos años. Así también otra buena parte de las personas usuarias de este “servicio” se indignan ante tal situación, puesto que, sin que disminuya la recaudación -sino más bien todo lo contrario, en especial en lo concerniente a los impuestos indirectos- las reducciones presupuestarias comportan que los medios, materiales e instalaciones se vean reducidos drásticamente en cantidad y calidad, a parte de que a nadie se le escapa que el aumento de alumnas por aula implica una menor atención a cada una de ellas, así como una mayor homogeneización en el trato de los profesores con los alumnos. Esta última perspectiva por parte de los usuarios quizá sea la más cuestionable, pues si bien sus constataciones son correctas, suele estar asociada a la aceptación irreflexiva de que la labor educativa actual de la Educación Pública proporciona ventajas a la población, cuando ya ni desde el punto de vista más utilitario e individualista -encontrar un trabajo mejor pagado- resulta medianamente creíble.

La llamada «Marea Verde», protagonista de diferentes movilizaciones a nivel estatal durante los dos últimos años, recoge en buena medida este malestar general en el ámbito educativo, oponiendo a la restructuración en ciernes una suerte de «Defensa de la Educación Pública» que en lo fundamental poco se plantea más allá de una imposible vuelta al modelo de cinco años atrás. Si bien la negativa a aceptar la autoridad gubernamental sea un hecho a elogiar, es decir, la desobediencia a aceptar unas medidas dictadas unilateralmente que se sienten perjudiciales, la ausencia sin embargo de análisis crítico en su caracter propositivo, el no llegar a plantearse si realmente es deseable lo que había antes y porqué, quizás sea lo que haga parecer tan poco serio este movimiento -junto con el ambiente festivo de las batucadas y los pompones en las manifestaciones multitudinarias- asemejándose tanto más una rabieta infantil por falta de atención que a una lucha real por recuperar unos medios materiales que han sido creados con el trabajo obligatorio al que somos sometidas las proletarias, explotadas a cambio de unas tristes migajas de pan insípido y artificial. Efectivamente centrar el discurso en el reconocimiento del derecho a la educación puede distraer de la más importante tarea de asegurarse colectivamente las condiciones reales para ejercitarlo. La conclusión más preocupante de los planteamientos de corte neo-socialdemócrata o ciudadanista, como es el de las mareas ciudadanas, y que mejor muestra la solidez de los lazos de dominación y dependencia, podría ser el hecho de seguir aclamando la delegación en las mismas instituciones que tan fácilmente han demostrado poder hacer lo que quieren en este y tantos otros ambitos, con o sin el consentimiento del populacho indignado.

Sin embargo, tan estrepitoso fracaso, no puede desembocar sino en un replanteamiento de la situación y es en este contexto en el que nos parece pertinente el esfuerzo por plantearnos e intentar comprender un poco más a fondo preguntas como ¿Qué es la educación? ¿Para qué nos sirve? ¿Qué educación queremos? o ¿Cómo llevarla a cabo? Por supuesto no para ir de nuevo a las instancias administrativas con una nueva lista de reclamaciones, que por otra parte serán igualmente ignoradas por ser simplemente incompatibles con el proyecto capitalista en su desarrollo histórico, sino para efectivamente empezar a vislumbrar cómo ponerlas en práctica nosotros y nosotras mismas, plantenado una lucha que nos pueda llevar hacia posiciones más coherentes y favorables a la emancipación social.

escuela-carcelEl sistema educativo en el Estado español, así como en la mayoría de los estados-nación, comprende la planificación, supervisión y/o ejecución directa de la educación escolarizada y los planes de estudios, prefijando, desde ciertos grupos de “especialistas en materia educativa”, métodos y contenidos determinados que finalmente se nos imparten a ciertas edades obligatoriamente -a otras de manera supuestamente opcional [1] – por parte de los funcionarios contratados en Colegios, Institutos o Universidades a tal efecto y a cambio de un sueldo. Como ya ha denunciado mucha gente antes, el fin último del sistema educativo escolar, La Escuela Pública (o Escuela de masas), no es precisamente la formación de personas con una capacidad crítica, capaces de cuestionar el mundo en el que viven ni desarrollar sus propias inquietudes como cínicamente se suele predicar hoy en día desde las instituciones, sino que desde su surgimiento en el siglo XIX, La Escuela Pública -y obligatoria- se introduce para fomentar la adecuada adaptación de la población a la producción y al orden del Estado Moderno. Efectivamente a partir de la aplicación de la primera constitución liberal de 1812, la llamada constitución de Cádiz, donde se dedica el título IX por completo a la «Instrucción Pública», se pone en manos del gobierno y de las cortes la dirección de las actividades educativas [2] . La cuestión de orden público que se trataba de abordar no se disimula en los debates entre liberales, conservadores y republicanos en las cortes de la época, pues como dijera en 1903 el diputado republicano Vicenti: «Lo que hay en el fondo de este problema es una cuestión de soberanía, porque la educación es una cuestión de poder y de gobierno, y no hay un estado bien organizado que no dirija la instrucción pública. El hecho
ante el cual hay que rendirse es que la soberanía ha pasado de la Iglesia al poder civil, y con ella, y como un atributo esencial, la soberanía de la educación; porque el que educa domina, porque educar es formar hombres apropiados a la vida del Estado» [3].

La estructura y organización de la Escuela, semejantes a la fábrica y a la cárcel, revelan de hecho su caracter coercitivo y adoctrinador, donde las y los alumnos a menudo son tratados como meras mercancías evaluadas en sus distintas fases de fabricación donde adquieren las habilidades, destrezas y conocimientos necesarios para que a su salida puedan correctamente desempeñar la función para la que fueron diseñadas y diseñados. Para alcanzar este fin serán empleados todos los métodos represivos que sean necesarios. Como lúcidamente señalaba Pedro P. Martínez en su carta a los padres de la localidad de Azuqueca, en la que exponía los motivos de su dimisión irrevocable de la Enseñanza:

«En la escuela, los niños tienen que aprender lo que se les impone desde fuera, aprenden para el examen de mañana, para el título, para el futuro, por miedo al profesor, por miedo a repetir, a los reproches, a no conseguirla moto que se les ha prometido… en definitiva, en la escuela no se aprendenada sino a obedecer, como mucho se adquieren ciertas estrategias básicas de darwinismo social, algún complejo, algo suelto que te llama la atención, se hacen algunos amigos y en el mejor de los casos, medidas de evasión y rechazo hacia la autoridad y el encierro. Sí, encierro. Atreverse a comparar la escuela con una prisión es el mayor de los tabúes. Sin embargo, la comparación del funcionamiento de las dos instituciones es particularmente sorpredente: horarios estrictos, encierro en compartimentos estancos de los que no se puede salir (celda o aula), vigilancia permanente, salida a un patio durante un breve periodo de tiempo, obligación de obediencia hacia los guardianes, convivencia impuesta con otros detenidos, castigos o aislamiento en caso de rechazo a la obediencia… cárcel o escuela, la descripción parece ser aún bastante válida. La mayor diferencia es que los prisioneros saben que están en la carcel mientras quelos niños, no.» [4]

Parece lógico pues pensar que un primer requisito importante para evitar la manipulación de las estructuras de poder, sea la no dependencia de nuestra educación de aparatos externos ni normas superiores a la comunidad de aprendizaje, tales como son el Estado o las leyes capitalistas del intercambio de mercancías. Bajo esta premisa son diversas las iniciativas que basádose en los postulados de la pedagogía libertaria u otros métodos educativos alternativos, han intentado e intentan en la actualidad crear otro tipo de Escuelas autogestionadas o libres, donde estas dependencias se vean atenuadas lo máximo posible, aún enfrentándose a multiples dificultades y contradicciones. Otras alternativas, sin embargo, abogan por una desescolarización como ha sido sugerida por autores críticos con las instituciones como Everett Reimer o Ivan Illich. Algunos ejemplos de esta tendencia los podemos encontrar, por ejemplo, en la educación en el hogar, opción que es practicada hoy en día por miles de familias en el estado Español pertenecientes a todos los estamentos sociales y que tampoco está exenta de otros peligros y limitaciones [5] . En nuestro entorno más cercano, podríamos señalar los esfuerzos que llevan haciendo desde años atrás las personas del colectivo Escola lliure de Mallorca, que finalmente parece que conseguirán abrir este mismo año el espacio de aprendizaje Nono, donde se pretende llegar a un compromiso entre métodos pedagógicos de inspiración libertaria e implicación de las familias en el aprendizaje al margen de las instituciones [6]. Desde aquí les enviamos todo nuestro apoyo y les deseamos la mejor de las suertes en esta aventura colectiva, que esperemos dé sus frutos.

diferencias-escuela-carcelNo obstante, nos gustaría remarcar que existe una cierta confusión nada fortuita entre Escuela y educación, en tanto que la primera siendo solo un método educativo con unos ciertos rasgos muy determinados, pretende monopolizar todo el ámbito de la educación consciente, dejando a su vez la parte inconsciente, al margen de cualquier preocupación o interés, al aleccionamiento constante a través de la omnipresente publicidad, encargada de cautivar personas para convencerles de sus nuevos gustos y necesidades. Mientras que la educación, en un sentido amplio, podría ser considerada como un proceso multiforme de transimisión cultural, de experiencia de valores éticos, de aprehensión de la vida y de las condiciones necesarias para la reprodución de una sociedad; proceso en el que existirían una gran cantidad de agentes, bien sea la propia persona, la familia, el grupo de amigos y amigas, los y las vecinas del barrio, o en otros contextos la tribu, la comunidad, etc… una simple mirada a la definición de la RAE nos da muchas pistas de la función reservada para la educación en nuestras sociedades y del porqué de su asociación profunda a la Escuela, pues resulta que es considerada como «Instrucción por medio de la acción docente»o bien como «Crianza, enseñanza y doctrina que se le da a los niños y a los jovenes». Como vemos los rasgos más importantes de esta definición residen en el componente de “instrucción” a través de la acción de profesionales o “docentes” que han de introducir externamente una serie de “doctrinas” y que se ha de impartir a los niños y jóvenes, pues ¿Para qué seguir aprendiendo una vez terminada la instrucción en la Escuela? Aquí vemos también como en lugar de plantear la educación como un proceso que ocurre, que emerge, en las relaciones sociales y a lo largo de toda la vida, esta visión escolarizante favorece la concepción de los y las jóvenes como seres inferiores a los que es preciso moldear adecuadamente, sin capacidad de raciocinio coherente y cuya voluntad no merece la pena ser tenida en cuenta, no al menos por encima de la de los adultos que pueden hacer valer su autoridad cuando sea necesario “por el bien” de las y los niños. A este respecto quizá valdria más la pena cuestionarnos primeramente -y trabajar para construir- la educación que quisiéramos para nosotros y nosotras antes de pensar y decidir la que reservaremos para “otras”.

El texto que presentamos a continuación, extraído de unos de los libros de Pedro García Olivo, El enigma de la docilidad, es un pequeño estudio sobre la Escuela en su forma moderna, donde se analizan algunos de los pilares en los que se asienta esta particular forma de realizar la educación dentro de una sociedad y que como veníamos diciendo, tal y como ocurre en tantos otros ámbitos de la vida y la organización social, por ser la forma dominante, intenta hacerse pasar por la única posible. Aceptar esta limitación que se enraíza en las concepciones occidentales de la modernidad y del pensamiento liberal, caer en esta trampa ideológica, supone la reducción de cualquier educación alternativa, que bien podría plantearse como una alternativa a la Escuela, a una muchas veces inquietante Escuela Alternativa, en constante proceso de reforma y adaptación a las necesidades de la economía. Escuela donde los abusos más notorios o flagrantes de su versión tradicional (la Escuela durante el franquismo) se ven reducidos o maquillados, para mantener sin embargo intacto su despotismo intrínseco y su función reproductora del orden dominante. En tanto que educación separada de la vida, su resultado no puede reproducir otra cosa que la vida separada. Es en concreto el análisis empírico de este reformismo pedagógico, que por otra parte constituye ya en cierta manera la esencia de la Escuela de la Democracia, el que permite al autor apuntar a esas bases inamovibles de cualquier Escuela, a sus concepciones a priori aceptadas y que determinan en cierta manera su resultado: la creación de personas dóciles y serviles, hasta el punto de poder ejercer como policía de si mismas.

Mallorca, verano de 2013.

[1] Decimos supuestamente ya que las presiones económicas y sociales son por lo general suficientes para determinar nuestro ingreso, una vez cumplida la enseñanza obligatoria en algún curso superior, ya sea formación profesional, enseñanza universitaria, etc…

[2] Mientras que la Constitución de Cádiz solo estuvo vigente durante pocos años en distintos períodos (1812-1814, 1820-1823, 1836-1837), sentó las bases para todas las consituciones posteriores que siguen en la misma linea, instaurando el Estado español moderno y el Capitalismo en nuestro territorio. A este respecto se puede consultar el libro La democracia y el triunfo del Estado, de Felix Rodrigo Mora.

[3] Arqueología de la escuela, de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría. La Piqueta.

[4] Texto reproducido en el boletín En la fila de atrás no 5. Una versión digital del mismo se puede conseguir en su página web: http://enlafiladeatras.wordpress.com/

[5] Para más información sobre la educación en el hogar consultar por ejemplo el artículo de Pablo Molina disponible en: http://caminoaladesescolarizacion.blogspot.com.es/2011/12/alternativas-desescolarizadas-i-la.html Por otra parte es de gran interés también la información proporcionada por la Asociación para la Libre Educación (ALE) en http://www.educacionlibre.org/

[6] Para más información sobre esta iniciativa se puede consular la página web del proyecto, donde se explican sus bases y las diferentes maneras de participar para las personas interesadas: http://www.autistici.org/escolalliuremallorca/

 

 

 

 

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